Hay conciertos que disfrutas mucho, y luego están esos conciertos que sientes un poco más personales. Para mí, ver a TWICE en Barcelona este 12 de mayo fue justamente eso.
Como fan del K-pop, TWICE ha sido uno de esos grupos que siempre han estado ahí. Desde debut, sus canciones han formado parte de distintas etapas y recuerdos, y aunque su discografía ha crecido muchísimo con los años, hay temas que inevitablemente te regresan al inicio. En mi caso, TT siempre será una de esas canciones.
De hecho, dentro del staff original de Nunas, TT era casi un himno no oficial. Era de esas canciones que sonaban una y otra vez, la que todos conocían, la que terminabas bailando aunque no quisieras y la que inevitablemente representa una época muy concreta. Así que sí, una pequeña parte de mí fue al concierto esperando escucharla en directo.
Spoiler: no pasó.
Porque antes del encore, cuando llegó el momento de elegir entre TT y Alcohol-Free, el público fue bastante claro… y ganó Alcohol-Free.
No voy a mentir: dolió un poquito.
Pero también fue uno de esos momentos divertidos donde simplemente aceptas que estás viviendo la experiencia colectiva del concierto. Y honestamente, cerrar con Alcohol-Free también tuvo muchísimo sentido. Fue un final ligero, feliz y perfecto para despedir una noche larguísima de emoción.
La experiencia empezó incluso antes del concierto. A las 6:00 p.m., una tormenta inesperada cayó sobre Barcelona justo cuando muchos fans ya estaban haciendo fila. Lluvia fuerte, viento y hasta granizo durante unos minutos que parecían una prueba de resistencia oficial para ONCE. Pero nadie se fue. Nadie. Cuando se trata de TWICE, claramente todos decidimos que mojarse era parte del paquete.
Después, la entrada fue sorprendentemente rápida, algo que agradecí muchísimo viendo la cantidad de gente que había. Y puntuales a las 8:00 p.m., empezó todo.
Desde el primer segundo, los gritos fueron absurdos. De verdad absurdos. Hubo momentos donde el público gritaba tanto que apenas podías escuchar a las chicas cantar, y eso decía mucho del nivel de emoción que había en el recinto.
Verlas salir vestidas de blanco, con esa primera aparición tan limpia y elegante, fue uno de esos momentos donde piensas: “ok, sí, esto está pasando de verdad”. Luego llegó el cambio a outfits negros, mucho más intensos, mientras los bailarines mantenían el ritmo del show, y toda la energía cambió completamente.
Además, tener banda en vivo hizo que todo se sintiera mucho más grande. Más real. Más potente.
Uno de los momentos que más me marcó fue Dahyun actuando lesionada, cantando desde una silla. El apoyo del público hacia ella fue enorme y se sentía en cada grito. Fue imposible no emocionarse un poco con eso.
También me encantaron esos pequeños intentos de español: el clásico “Muchas gracias, los quiero” y ese maravilloso “¡Grrrita!” que desató risas inmediatas. Son detalles pequeños, pero son justamente esas cosas las que hacen que un concierto se sienta cercano.
El proyecto del fandom en pantallas también fue precioso. Ver a fans españoles apareciendo mientras se mostraban mensajes de cariño para las integrantes fue uno de esos recordatorios de por qué el K-pop se vive de forma tan distinta: no es solo escuchar música, es construir comunidad.

Y si tengo que hablar de algo que realmente me sorprendió, fue la producción. El escenario estaba increíblemente bien pensado. Desde cualquier rincón se veía bien, algo importantísimo con un grupo tan grande como TWICE, porque constantemente estaban moviéndose, distribuyéndose y ocupando todo el espacio.
Las pantallas modulares que subían y bajaban ayudaban muchísimo a cambiar completamente la atmósfera de cada canción. Había momentos mágicos, otros más oscuros, otros totalmente explosivos. Visualmente fue un show muy bien construido.
Y luego está ese momento previo al encore, cuando las cámaras empiezan a enfocar al público y todo el mundo entra automáticamente en modo “por favor no me pongas en pantalla”. Bailes improvisados, mini batallas, gente completamente entregada… honestamente, casi otro show aparte.
También hubo tiempo para felicitar al Barça porque ellas habían estado paseando por Barcelona justo durante la rúa de celebración. Un detalle simple, pero que hizo que el público explotara otra vez.

Salir del recinto después de un concierto así siempre deja esa mezcla rara entre felicidad y vacío existencial.
Porque al final no se trata solo de escuchar canciones en vivo. Se trata de ver frente a ti a artistas que llevan años acompañando partes de tu vida, aunque sea desde una pantalla.
Y aunque no tuve TT… supongo que sobreviviré.
(Aunque sigo pensando que debimos votar mejor).

Pd: Me llevé a un infiltrado al concierto! (mi MooBong – Lightstick de Mamamoo)
Con su suetercito porque hacía frío!